Fiestas, borracheras, adicciones

'A la Mozart' es una fórmula que se puede leer en algunas partituras del XX en las que el compositor pretende que los intérpretes adopten un sonido efectivamente mozartiano, a pesar de lo posterior de la composición. Tomemos esta fórmula, pues, para explicar de manera diáfana la que el otro día lió
Jonathan Rhys Meyers, 'a la Melendi'.
Efectivamente, en pleno aeropuerto, en este caso el de Dublin, al actor le fue prohibida la entrada al avión que debía llevarle a Londres, debido a su más que pasado estado de embriaguez. El hombre montó en cólera y puso a todo quisque a caer de un burro... aunque más de uno ni le entendía lo que mascullaba. Finalmente varios agentes tuvieron que detenerlo para, educadamente, atender a sus disculpas cuando le pasó la melopea.
Recordemos (que profesionales somos, ofreciéndoos
material de archivo...) que el guapo de Jonathan ya ha tenido más de un problema con el bebercio. A ver si va levantando cabeza...
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Vamos a ver; os pongo en antecedentes:
Sienna Miller, junto a su hermanita, sacó recientemente una nueva marca de trapitos, tendencias y demás (otra que se apunta a diseñar, sí; antes les gustaba cantar, ahora les tira más hacer de Versace). Twenty8twelve, se llama la marca de marras. El caso es que la Miller convocó hace unos días a la prensa para presentar una nueva tienda en Londres. Hasta aquí, todo bien.
Ya en plena presentación, los periodistas no perdieron oportunidad de asediar a Sienna con todo tipo de preguntas sobre su movidísima vida privada. Que de privada tiene poco, a menudo. Pero la Miller había estado de confidencias con la botella, antes de la rueda de prensa, y fue subiendo el tono de sus respuestas hasta que explotó y despachó a todo quisque con un espectacular: "¡Fuera de aquí! ¡Nos veremos en los juzgados, malditos violadores!"
No pude más que soltar una sonora risotada cuando me enteré de toda esta trifulca, y nada me encantaría más que a la Miller le diera por beber aún más y en su ya casi eterna melopea intentase presentar algún tipo de denuncia. ¡Pagaría por ver y escuchar la etílica exposición de esa denuncia! En fin... un capítulo más en la cada vez más vergonzosa carrera pública de una actriz que, lástima, tiene una carita que decía todo lo contrario: Dulce dulce. Pero resulta que no.

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Y en Estocolmo. El cachondo de Bill estaba jugando su partidita de golf. Hasta ahí bien. El caso es que un buen rato después le descubrieron por el centro de la ciudad, lejos ya del campo, pero todavía al "volante" de su carrito de golf. Y con el depósito lleno. El suyo, digo; el del carrito no lo sé.
"Antológico" es decir poco. No tengo palabras. Estoy llorando de la risa y de admiración a la vez. Hasta para emborracharse y liarla como una estrella es diferente, este tipo. No hay otro como él. Y si crees que tú puedes, plántate ante el espejo y a ver si eres capaz de poner esas jetas de tontón melancólico que sólo
Bill Murray sabe poner. Anda, inténtalo.
Total, que para completar el cachondeíto generado por semejante suceso, la policía de Estocolmo está analizando a fondo su código circulatorio porque, al loro, no tienen claro aún si está permitido o no conducir un carrito de golf por los mismos caminos de dios por los que circulan Audis, Volvos o lo que sea que más vende por esos lares. Lo que yo decía: Antológico, y me quedo corto.

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Así de diáfano, el titular. De un tiempo a esta parte
Kirsten Dunst está sabiendo involucrarse en proyectos cuando menos interesantes o de certero funcionamiento en taquilla. Ahí está
María Antonieta para satisfacer su lado
arty o la saga de
Spiderman para mantener su cuenta bancaria plagadita de ceros a la derecha. Pero mientras que la audiencia adora a Kirsten, sus vecinos no pueden verla ni en pintura. Ni en carteles en marquesinas. Y, sobre todo, ni en su propia casa, a ser posible.
Así lo han hecho saber varias de las familias de residencia cercana a la de Kirsten Dunst en Londres, y es que, según han argumentado como causa principal de sus quejas, a la rubia americanita no se le ocurre otra cosa que, noche tras noche, cerrar sus jaranas y fiestas varias invitando a todo quisque a su casa. El índice de decibelios debe ser brutal. Y el de alcohol, fumatas turbias y demás, imagínense.
Veremos en qué queda todo esto, pero entre aflojar la mosca para buscarse una nueva guarida o dejar de salir de juerga, yo ya imagino con qué se quedará la Dunst, tan animada ella......
Bueno, pues que pasó la noche en el calabozo y ahora tendrá que hacer frente a un juicio la mar de majetón. De estos que dan portaditas y entradas en blogs como estes. A la Lohan, que parecía haberse rehabilitado y tal y cual (ya os avisamos aquí que no daría para mucho), la detuvieron en Los Angeles conduciendo a toda hostia y trazando tantas eses que si lo haces aposta es para darte un premio. Borracha, claro. Fumadísima, como no. Y con restos de coca en los bolsillos. Sólo restos, ya.
En definitiva, que ante un disparate más de la imbécil de Lindsay Lohan, lo único que podemos hacer es regodearnos con su ficha policial:

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