Fiestas, borracheras, adicciones
No será la única que tiene, pero seguro que es allí donde más fiestas organiza: La villa que
George Clooney posee en Laglio, a orillas del italiano lago Como, ha sido escenario de múltiples y bien selectas juergas en las que el actor ejerce de perfecto anfitrión para todo tipo de gente bien. Y uno de los que ya ha pasado por más de una de estas fiestas es su amigo
Brad Pitt. Danny Ocean y Rusty Ryan, vaya.

El caso es que Clooney (del que pronto veremos su nuevo trabajo como director, Leatherheads) hablaba recientemente para la revista británica OK! sobre su villa y sobre sus fiestas y sobre esto y sobre aquello, y finalmente reconocía que, sin ir más lejos, anda preparando una nochecita de placer, bien inminente, con sus compañeros de reparto en Ocean's thirteen. La bromita de turno (buena puya, la verdad) la soltó al mencionar la única condición que le ha puesto a Pitt para poder asistir: "Que no se traiga a sus 15 hijos". Un cachondo, el amigo George.
Por cierto... ¿servirá Clooney a sus invitados el
Premiun Limoncello que ha sacado al mercado su amigo
Danny De Vito?...
Toca hablar otra vez de
Lindsay Lohan, ese personajillo mediático, aspirante a actriz (aspiradora de mucho), que sólo funciona como triste y eterna protagonista de la crónica de las adicciones (varias) de la fauna hollywoodiense. Ahora sí, podemos decirlo oficialmente: Lindsay no sólo bebe. Es decir, no sólo ingiere por la boquita.
Que nadie es tonto, claro; esto ya nos lo imaginábamos o hasta podríamos decir, sin riesgo alguno, que lo sabíamos. Pero dicen que no es ladrón quien roba, sino quien es pillado robando. Y aplicando esta máxima a la amiga Lindsay, ahora sí podemos acusarla formalmente de cocainómana, porque News of the World, diario británico de nombre crecidito, no sólo ha publicado la información, sino también unas preciosas imágenes de la muchacha aspirando harina.
El escenario, los baños de Teddy's, discoteca del Roosevelt Hotel, en pleno Hollywood. La protagonista absoluta, ella, la insaciable Lohan. Actrices secundarias, dos amiguitas igualmente aficionadas al narigazo. Los antecedentes, una reciente salida de la actriz de una clínica de rehabilitación -manda huevos. El diálogo, descacharrante (eso han contado sus amigas, al menos; estarán aprovechando para explotar el incidente y convertirlo en money, money, que las dosis cada día están más caras): "Mañana me voy a Nueva York y me voy a acostar con
Jude Law". Ay, como llegue siempre en estas condiciones, el pobre Jude va a tener la impresión de estar beneficiándose a una muñeca hinchable, más bien...
En definitiva... a ver si a esta estúpida niñata se le acaba toda la pasta que tiene y la mandan a tomar por culo de Hollywood de una buena patada, la encierran en un cuartucho de motel y no le dejan salir de allí hasta que babee hasta la última gota de drogadicta que posee sus venas. Y conste en acta que lo digo por su bien....
La noticia es jugosa, nunca mejor dicho. Pero para un más completo entendimiento, relatemos los hechos en estricto orden cronológico. Todavía recordamos, sí, aquella tremebunda entrevista televisiva en la que
Danny De Vito apareció completamente taja en plató, soltando todo tipo de coñas pasadas de rosca y reconociendo, con una sonrisa de lo más cachondona, que "sabía que los últimos siete limoncellos no me iban a sentar bien..." Un crack. El tipo, tuvo que confesar, se había tirado toda la noche de juerga con su amigo del alma,
George Clooney, ya ven, el guapo y el feo, el alto y el bajo; como prefieran. Una pareja de lo más explosiva... y aficionada al limoncello italiano.

Después de aquella descacharrante entrevista, los efectos secundarios sobre la imagen de De Vito resultaron ser inversos a lo que pudiera esperarse; vamos, que parece que a todo el mundo le hizo gracia la tontería. Y es que, después de todo, admitir públicamente que te vas de juerga con George Clooney tiene que ser algo que, sí o sí, suba tu popularidad. Lo que no podía esperarse es que, a raiz del
show de De Vito, subieran espectacularmente las ventas de limoncello en Estados Unidos.
Ante esto, el viejo Danny ha debido pensar: esta es la mía. Y a partir de ahora, queridos amigos, cuando sentéis vuestras santas posaderas ante la enésima barra de la noche, podréis pedir al barman con una sonrisita impaciente en vuestras bocas: Póngame un Danny De Vito's Premium Limoncello, por favor. Así, tal cual, con todas las letras. Ese es el rimbombante nombre de la nueva marca que De Vito ha sacado al mercado.
Por su bien empresarial, claro, esperamos que no le dejen pasearse cerca de la fábrica. El truco es producir y vender, no producir y, joder, qué rica está, dame otra; señor De Vito, no debería... ¡¡¡Que me des otra he dicho, coño!!!

¿A que me parezco a Alfredo Landa?
...
Así de sencillo.
Lindsay Lohan se pasó por el programa de
Ellen De Generes en plena promoción de su próximo evento. Otros promocionan películas, discos... Ella promociona su nueva juerga -ahora, con motivo de su inminente cumpleaños. La muchacha, que como ya sabemos ha pasado recientemente por una clínica de desintoxicación para curar su afición a la botella, ha reconocido que, tras terminar el programa en cuestión, ha recuperado
ipso facto su ritmo anterior de mambo y cachondeo (a razón de juerga por noche), pero pone pucheritos y asegura que la vida es dura, que lo hace porque no le queda más remedio y que la Humanidad debería sentir compasión por ella.
Y es que, atención, permanecer sobria en Nueva York o Los Angeles, explica, es "mucho más duro". Que se vaya a vivir a Springfield, digo yo. Pero no, será que ni le dejan salir de la ciudad, por si acaso pervierte al resto de la nación. Además, su justificación definitiva, su análisis clínico y objetivo del problema, no tiene precio: Lindsay bebe porque, dice, ser actriz implica "estar sola". Se siente sola. Sola y abandonada. Triste y azul, como el gato. Y, ¡aviso para navegantes!: "Odio dormir sola". Así que, ya sabes, si te gustan el alcohol y las pecas, ¡a qué coño esperas! ¡Sal pitando ya mismito para Nueva York!...
Hugh Grant (El diario de Bridget Jones; Tú la letra, yo la música), ese inglés madurito que las vuelve locas con su sosez descreída, y que antes las volvía locas con su encantador tartamudeo, sigue haciendo amigos en las comisarías de medio mundo. Desde que le pillaron en Los Angeles en un cochecito en plena cuneta, enseñándole a una puta lo que por lazos conyugales sólo debía pertenecer a Liz Hurley, el inglesito echaba de menos una buena siesta en el calabozo. Aunque bien es cierto que, esta vez, se arrepintió a tiempo. A tiempo de pagar la fianza y evitar la noche entre rejas, claro, porque para liarla parda más bien le faltó tiempo.
Esta vez le ha dado por zurrar a un fotógrago, uno de los hobbys más extendidos entre el
star system. Démosle la palabra al saco: "Tenía pinta de haber salido a correr por la mañana. Le pregunté si me sonreiría, porque estaba cabizbajo. Pero debía de haber tenido un mal día, porque empezó a perseguirme, calle abajo. Me propinó un par de patadas y me dio un rodillazo".
Un tipo inocente, el fotográfo este. ¡Como si pegar a alguien fuese una prueba irrefutable de que tienes un mal día! Ya no respetamos los pasatiempos ajenos... ¡Qué mundo este!

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