Jonathan Rhys Meyers

'A la Mozart' es una fórmula que se puede leer en algunas partituras del XX en las que el compositor pretende que los intérpretes adopten un sonido efectivamente mozartiano, a pesar de lo posterior de la composición. Tomemos esta fórmula, pues, para explicar de manera diáfana la que el otro día lió
Jonathan Rhys Meyers, 'a la Melendi'.
Efectivamente, en pleno aeropuerto, en este caso el de Dublin, al actor le fue prohibida la entrada al avión que debía llevarle a Londres, debido a su más que pasado estado de embriaguez. El hombre montó en cólera y puso a todo quisque a caer de un burro... aunque más de uno ni le entendía lo que mascullaba. Finalmente varios agentes tuvieron que detenerlo para, educadamente, atender a sus disculpas cuando le pasó la melopea.
Recordemos (que profesionales somos, ofreciéndoos
material de archivo...) que el guapo de Jonathan ya ha tenido más de un problema con el bebercio. A ver si va levantando cabeza...
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Hace sólo dos semanitas que
Jonathan Rhys-Meyers comenzó un programa de desintoxicación por problemas de alcoholismo y parece que ya está estupendísimamente. Parece, digo, porque a estas alturas ya estamos curados de espanto. Pero si hemos de hacer caso a los clientes de un restaurante de Los Angeles de lo más chic, el protagonista de
Match point se ha reconvertido en un sanote amigo de la Coca Cola. Con el pelo rapadito, sonriente, relajado y en compañía femenina, así le vieron cenando y sin probar, dicen, una gota de alcohol.
Y nosotros, que nos alegramos....
Tan alto, tan guapo... y tan borracho.
Pues sí, el amigo
Jonathan Rhys Meyers es, señoras y señores, alcohólico. Algo que no nos produce ninguna satisfacción, lo digo por si alguien se confunde al notar el cachondeíto con el que hemos abierto estas líneas. Cuestión de estilo, oiga.
El caso es que Meyers, protagonista de la fabulosa película de Woody Allen
Match point, acaba de ingresar en una clínica de desintoxicación con el sano objetivo de abandonar su afición al bebercio. Afortunadamente para los responsables de la exitosa (y recientísima) teleserie
Los Tudor, en la que
Jonathan da vida a Enrique VIII, los diez capítulos que de momento la conforman ya se han rodado, porque si no ya podían ponerse a reescribir la historia, y rociarla, rociarla...
Así que nada, un golpecito en la espalda y con dos huevos, amigo, que -bromas aparte- el alcoholismo no es ninguna gilipollez. Y sí un gran, gran problema. Y muy caro, por cierto....
La serie se llama
Los Tudor y sólo se ha emitido un capítulo, de momento, en los EE.UU. Suficiente, parece, para que haya levantado una expectación sin precedentes. Por aquellos lares ya la han marcado como sucesora de
Los Soprano, la exquisita serie mafiosa que aquí hemos seguido en Canal + y que poco a poco toca a su fin.

En
Los Tudor Jonathan Rhys Meyers encarna a un Enrique VIII seductor, sexy, sibilino. Claro que su imagen no está muy cerca de aquella que la Historia nos ha legado del monarca, orgulloso, gordo y ambicioso. Pero para qué queremos lecciones de historia en la tele teniendo la ambigua y azul mirada de Rhys Meyers, ¿verdad?...
El fuerte respaldo popular que la serie ha tenido en su estreno (el primero de diez capítulos ya grabados) seguramente ha sido tenido muy en cuenta por los responsables de
The other Boleyn girl, película aún sin estrenar que dirige
Justin Chadwick, con
Eric Bana en la piel, precisamente, de Enrique VIII. La coincidencia y las inevitables comparaciones pueden ser peligrosas o, quizás, todo lo contrario: un incentivo para acudir al cine. Aunque sólo sea por eso, por el morboso placer de comparar.
En cualquier caso, la película de Chadwick cuenta con un reclamo poderoso:
Natalie Portman y
Scarlett Johansson como las hermanas Ana y María Bolena, respectivamente.

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