007: Del sastre particular al diseñador Tom Ford
Cuando Sean Connery fue elegido para dar vida a Bond, James Bond, Ian Fleming, el padre de la criatura, no pareció quedar demasiado contento. Connery era un tipo sin experiencia, demasiado alto, demasiado ancho de espaldas, demasiado brutote. Un Mister Universo musculado. Así que el director Terence Young prometió a Fleming que uno de sus principales objetivos consistiría en suavizar la imagen de Connery, vestirlo y revestirlo para dotarle de una imagen más cercana al playboy presumido (a la par que violento) de las novelas.
La solución la tenía a mano: Anthony Sinclair, el sastre particular de Terence Young. Él se encargó de diseñar y confeccionar las trajes a medida que le borraron para siempre a Connery la imagen de armario y le confirieron ese aura de británico con clase y elegantón. Los trajes y, no olvidemos, aquellos polos y shorts tan de la época... Ese trabajo se continuó depurando a lo largo de las películas de la saga protagonizadas por Bond, y se perdió con la única incursión de George Lazenby. De improviso aparecían camisas con chorreras y extravagancias semejantes; completamente injustificable. Ni funcionaba Lazenby ni su vestuario. La línea british se exagera hasta lo flemático con Roger Moore, muchísimo más acartonado que Connery. Sus trajes también son más secos, rectos, igual de impolutos y marcadamente londinenses. Todo ayudó a conferir al personaje y a la saga una nueva imagen, más prototípica, más caricaturesca casi siempre, también más light.Con Timothy Dalton llega una apuesta interesante (cercana al enfoque duro y violento de Casino Royale) pero finalmente equivocadísima. Bond se convierte en un tipo parco en palabras y parco en vestuario, siempre tendente al negro, como si quisiese permanecer en la sombra, desapercibido. Nada chabacano, nada vergonzoso, nada fuera de lugar. Pero nada Bond. Dalton, claro, un tipo que venía de interpretar a Shakespeare, tampoco sabía de qué iba la fiesta.
Con Pierce Brosnan vuelve una imagen más cercana a Roger Moore, pero con algo más de chispa por parte de Brosnan (las películas es otro cantar). Aparecen los grandes nombres al mando del equipo de vestuario: Lindy Hemming arruga todos los bocetos de la época Dalton, los tira por el retrete y recupera el espíritu idóneo eliminando toda arruga del armario del agente 007. Todo es ahora de calidad, todo al detalle. El esmoquin no cuando sea necesario, si no siempre que se pueda. Por lo demás, el mínimo establecido es traje y camisa. No hay un centímetro de más, no hay tampoco elecciones extravagantes, pero tampoco se comete el error de caer en un clasicismo excesivo, que ancle el personaje en una imagen obsoleta. Todo esto, claro, ayudó a que Brosnan sea recordado como un buen Bond aunque sus películas vayan del "malo" al "insufrible". Hemming tuvo duro trabajo con Casino Royale, ya que vestir de traje a Pierce Brosnan debe ser más fácil que con Daniel Craig. Por eso resultó acertada su nueva elección formal: El Bond de Craig viste traje pero también cambia a "uniforme de trabajo" cuando la escena lo requiere; la persecución inicial de la película es una buena muestra. Desde luego es una elección menos 007, pero más cercana a lo que perseguían en la película.Y es innegable, en las escenas del casino, que consiguieron que a Craig el esmoquin le sentara como un guante. Incluso se permitieron una coñita al respecto en la película: Eva Green lo explicita en uno de los diálogos: "A medida".
Pero héte aquí que, cosas de los negocios, a partir de Quantum of Solace, será Tom Ford, ese diseñador norteamericano con especial querencia por el traje sobrio (y conocido por ser el tercero en discordia en aquella famosa foto de portada con Scarlett Johansson y Keira Knightley desnudas) quien vista a Bond. Seguramente la idea es adaptar el personaje al universo elegante del agente 007 pero sin perder su punto de sobriedad, de dureza. El equilibrio quizá esté en Tom Ford. Veremos...
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