Bill Murray explica la historia del “carrito de golf”
October 1st, 2007 admin
Ha sido, de largo, la mejor noticia que ha recogido Vanity Film desde sus primerísimas reseñas. Hablo, claro está, de aquel sin par incidente que el inimitable Bill Murray protagonizó, borrachín él, al volante de un carrito de golf en medio del tráfico de Estocolmo, entre Volvos y Volkswagens. Si no lo recordáis o no fuisteis tan afortunados de conocer la historia en su momento, podéis repasarla aquí.
El caso es que ahora Murray, poco dado a esto de las justificaciones, ha decidido que un momentazo como ese merecía de su atenta explicación. Y atención, porque la historia sigue a un nivel insuperable. Murray es mi ídolo. Leámosle:
Él asegura que estaba en Estocolmo para participar en un torneo de golf, deporte del que -esto es vox populi- es un apasionado. Tras el torneíllo en cuestión, tocó fiesta oficial, y parece que después nadie quería coger el coche. Vamos, que en el sarao le dieron pero bien al bebercio. Y, claro, luego alguien tenía que hacer de chófer. Imaginaos quién. Él lo cuenta así:
“Llevaba seis personas en esa cosa -se refiere al carrito de golf, digo yo-. Terminé haciendo paradas y dejando a gente en el camino, como un autobús. Las fui dejando una por una”.
Sólo imaginar a Bill Murray conduciendo un carrito de golf con cinco personas más en pleno centro de Estocolmo, ralentizando el tráfico y sonriendo con esa cara de… de… Bill Murray, no hay otra manera de decirlo, sólo imaginarlo, decía, y sé que la vida merece la pena. Sigamos:
Según cuenta el propio actor, al último lo dejó en una tienducha de 7-eleven. Tras apuntar ésto, hace un alto en su relato para puntualizar: “No sabía que tenían 7-eleven en Estocolmo”. Y luego retoma el asunto: Fue ahí donde le paró la policía, mientras dejaba en su parada al último pasajero de su carrito multiusos; “dieron por supuesto que iba ebrio, claro, aunque yo les dije que era golfista”. ¿Cómo? Maravilloso.
Por cierto, la policía sueca no ha podido encontrar ninguna línea, ningún artículo, el más mínimo apunte en su código circulatorio que prohiba expresamente que un carrito de golf marche a sus anchas por el centro de la ciudad, con lo cual parece que Murray, por ese lado, no tiene nada que temer. Eso sí, veremos qué sanción le cae por conducir borracho. Y es que el posterior análisis de sangre al que le sometieron (se negó a soplar, el cachondón) reveló que antes sí que había estado soplando…
PD: Como regalito final, os añado una pequeña pero impagable colección de instantáneas del grandísimo Bill en acción en el campo de golf.






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