20-07-2007 admin
Red Eye movie Salvo deslices perdonables, Jude Law siempre ha sido un tío con clase. Desde su comportamiento y declaraciones (incluso cuando el payaso aquel se pasó en sus chanzas en la gala de los Óscar tuvieron que ser otros, como Sean Penn, los que salieran en defensa del siempre diplomático Jude, poco aficionado a rajar) hasta su estilo y modo de vestir. Sí, de acuerdo, de vez en cuando se nos permite extravagancias demasiado pasadas de rosca como combinar una vieja camiseta y bermudas con un chalequito de firma guapa pero, oye, todos tenemos domingos cruzados.
Pero lo que también tienen, cada vez más allá por Hollywood, son problemas, vicios, adicciones y demás tipos de descensos a los infiernos. No todos, aún puede haber sucesores para Paul Newman, pero son especie en extinción. Recientemente descubrimos que Law, tristemente, también se unía al club de la derrota etílica, ese grupúsculo de famosetes que no saben controlar a la botella, y se dejan vencer por sus poderes.
En esta tesitura, el gabinete de crisis funciona a destajo. Publicistas y demás fauna del subsuelo. Creadores de mitos desde las sombras. Y con Law ya han tomado una primera medida: El protagonista de La huella se ha plantado en Afganistán y ya graba allí un documental para la BBC, centrando la mirada crítica en la situación de la población infantil, siempre primerísima víctima de cualquier situación de violencia. La iniciativa, en cualquier caso, parte de Unicef, con el objetivo de que este trabajo audiovisual pueda estar listo para el 21 de septiembre, Día Internacional de la Paz.
Nos alegra que el bueno de Jude cambie la inconsciencia etílica por la conciencia social. Luce más ante el gran público y es mucho más sano. ¡Dónde va a parar!