05-04-2007 admin
A Tarantino le mola la casquería tanto o más que al gran gran gran Jess Franco, y el que no se lo crea lo va a flipar con Grindhouse. Pero el bueno de Quentin tiene que hacer convivir ese ímpetu sangriento, en el fondo de su corazoncito, con un espíritu cool que siempre busca su hueco y pugna por salir a flote. Y, a menudo, lo consigue. Es evidente que Reservoir dogs salvaba esa necesidad con el aspecto molón de sus gangsters uniformados de traje y corbata, y Pulp fiction tiene un puñado de escenas que son un tratado mayúsculo, casi una definición, del cine cool.
En Kill Bill la cosa parecía más complicada, pero ahí han quedado detalles como la nieve, las dos rivales y la Esmeralda Suite sonando a todo trapo; Uma Thurman con su mono amarillo, o la propia Uma y el señor Carradine dándole elegantemente al palique antes de una no menos elegante pelea final, sin levantar sus culos de la silla. Lo que decía, es el corazoncito cool de Tarantino, que de tanto en cuanto logra ganarle la batalla a sus vísceras.
Si con Kill Bill la cosa parecía ya difícil, con Grindhouse se antoja algo más que improbable. Pero tranquilidad, paciencia, ¡fe! Ese tráiler con esa voz tan de serie B, esa deliciosa serie B, con esas letras rojas, enormes, y ese toque nostálgico, ese pase doble, dos películas por una sólo en Grindhouse… ay, todo eso demuestra que el invento lo ha parido la mente dual de Tarantino, por mucho que Robert Rodriguez aporte su descerebrado granito de arena con la primera de las dos historias. La película será gore, bruta, lo que haga falta y más (aunque en el segmento de Tarantino seguramente encontremos varias de sus golosinas y diálogos habituales), pero la campaña promocional está siendo de lo más festiva y disfrutable.
Como muestra, dos botones.