14-06-2007 admin

Por fin he podido echar un largo vistazo a la tan cacareada (y cara) edición de la última sesión de fotos de Marilyn Monroe, poco antes de morir. Ya trascendieron en su momento unas cuantas imágenes de la sesión, un pequeño puñado de fotografÃas, pero ahora se publica el trabajo completo, precisamente bajo el tÃtulo La última sesión
.
El fotógrafo, Bert Stern, bajo encargo de Vogue, tuvo el placer de comparttir 24 ininterrumpidas horas con el mito, la mujer, la actriz, durante las cuales ella no tuvo reparos en hablar, desnudarse, beber, beber y beber, y sobre todo, según reconoció el propio fotógrafo, “no parar quieta ni un momento”.
La cámara de Stern inmortaliza, una vez más, a la más mortal de las estrellas del firmamento del Hollywood clásico, y lega a la eternidad su indefensión, su fragilidad, su ligero disfraz de borracha alegrÃa y su desnudez más natural, sin artificios: la cicatriz (por la extracción de su vesÃcula biliar) que la Monroe sólo podÃa disimular en la gran pantalla aparece aquà sin tapujos, un complemento más de la imagen de la diva, como su caracterÃstica melena, su sonrisa, el cuerpo de guitarra.
Un trabajo a revisar.